Rosquillas

rosquillas_interior

El origen de las rosquillas se remonta al antiguo Imperio romano, pero no tenían esta forma. Fue en 1847 cuando un marinero exasperado diera el toque de gracia al diseño de nuestras populares rosquillas.

Hanson Gregory estaba harto de que sus bolas dulces, más gorditas por el centro, no se cocieran bien y quedasen crudas por esa parte medianera al freírlas en aceite.
El impaciente marino, aburrido y harto de desechar una parte de su apetitoso bocado, decidió acabar para siempre con el problema que tanto le sacaba de quicio. Aquel día, mientras amasaba y daba forma al pastelito, fijó su atención sobre un pimentero que tenía cerca. Lo tomó entre sus manos y con un golpe seco lo estampó en medio de su bollo, dejandole un hueco redondo y acabando para siempre con los dulces crudos por el centro. ¡Había inventado el agujero de las rosquillas!.

Hoy en día hay muchas clases de rosquillas típicas que se diferencian principalmente en el acabado final y no en la receta para la masa: rosquillas tontas, rosquillas listas, rosquillas huecas, rosquillas de Santa Clara, rosquillas ciegas...

En nuestras pastelerías son típicas las rosquillas huecas o de aire. Su elaboración es sencilla, se preparan con una masa escaldada de harina, aceite y agua, y poco a poco se añade huevo. Una vez la masa ha adquirido la consistencia deseada, se hacen bolitas de masa y se les hace un agujerito en medio para hornearlas a continuación. Al salir del horno se espolvorean con azúcar.

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